Devocional Día 17

De esclavos a hijos.

Juan 1:12 “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios”.

Durante mi juventud, rondó por mi cabeza siempre una duda: ¿Cómo puede ser Dios tu Padre? O dicho de otra manera ¿Cómo era eso de ser hijo de Dios? Para responder estas preguntas tienes que cambiar de mentalidad, en otras palabras, tienes que nacer de nuevo. 

Y es que no es nada fácil pasar de una mentalidad de esclavo a una de heredero. Muchas personas asisten por años a una iglesia, o nacieron en un hogar cristiano, pero nunca pensaron siquiera que tenían que cambiar de mentalidad. Estar en la casa del Padre, pero vivir como esclavos, significa no aceptar el derecho, el reconocimiento, la adopción como hijos de Dios.

¿Qué debo hacer entonces para iniciar este aprendizaje? Lo primero que debemos hacer es desprendernos de la mentalidad de siervo o esclavo. Veras, un siervo no se sienta a la mesa con su señor, no entra a la casa por la misma puerta que su señor, sino que utilizará la puerta de servicio, tampoco llamará a su señor por su nombre de pila, porque no hay amistad entre ellos, sino una relación de siervo – señor. Los amigos se sirven entre ellos. En eso consiste la amistad, en un servicio mutuo, en confianza y lealtad. 

En la época de Jesús un siervo era alguien privado de libertad, sin derechos, sin herencia y sin mucho contacto con su señor. Pero a Dios no le agrada que el ser humano viva así, y Jesús apareció en la historia para rescatarnos de esa idea de servidumbre, para hacernos coherederos de su Reino.

En Romanos 8:15-16, dice que todo aquel que tiene un espíritu de esclavo, vive en temor. Vivir en temor es tenerle miedo a casi todo: al rechazo, a ser juzgado, a perder, a tomar decisiones o incluso a su propio futuro.

 

En cambio si vives en amor, das espacio a la esperanza y la fe en tus momentos cotidianos. Vivir bajo la mentalidad de un hijo, es vivir amado, vivir confiado, ¿Por qué? Porque como dice el Apóstol Juan, el amor echa fuera todo temor. 

En Romanos 8:15-16, dice que todo aquel que tiene un espíritu de esclavo, vive en temor. Vivir en temor es tenerle miedo a casi todo: al rechazo, a ser juzgado, a perder, a tomar decisiones o incluso a su propio futuro.

En cambio si vives en amor, das espacio a la esperanza y la fe en tus momentos cotidianos. Vivir bajo la mentalidad de un hijo, es vivir amado, vivir confiado, ¿Por qué? Porque como dice el Apóstol Juan, el amor echa fuera todo temor. 

Tu valor no son tus dones, ni lo que otros dicen de ti, sino que tu valor es lo que Jesús hizo por ti en la cruz. Por eso tienes que comenzar a crear una imagen propia de ti, partiendo desde Jesús. Tienes que comenzar a dejar atrás tus inseguridades, tienes que dejar de compararte con otros, deja la baja autoestima, el sentimiento de rechazo y esa culpabilidad continua.

Deja que el Espíritu de Dios cree en ti seguridad, que vendrá por sentir el amor del Padre, comienza a edificar valores, que van a venir a tu vida, gracias al tiempo de intimidad que pases con Dios, y comiénzate a sentirte único y amado. 

Solamente cuando hayas alcanzado esta etapa de relación y edificación en tu vida, podrás entrar a tener:

Motivaciones ministeriales, motivación por tener una vida de santidad, vas a poder ser una fuente de consuelo para otros, podrás cambiar tu relación con los demás y con la autoridad, y también comenzará a cambiar tu visión de Dios y tu lenguaje de relación con Dios. Y por último, te llegará la recompensa.

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:

ACCIÓN

La próxima vez que vayas a llamar a alguien siervo, intenta pensar en esa persona como un heredero de algo importante, magnífico y sublime. Intenta apreciar si cambia tu visión de esa persona, al tratarlo con uno u otro adjetivo.

Escuchar Capítulos 7 y 8, Hijos de la intimidad.

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