Cuando mantenemos nuestros ojos enfocados en nuestro Padre celestial experimentamos el verdadero y genuino avivamiento, profundizamos e intimamos cada vez más nuestra relación con El y vemos como cada día crecemos en semejanza a su carácter.
Es la dependencia de nuestro Padre amante lo que producirá en nosotros ese avivamiento de profundidad que tanto anhelamos y que a la vez necesitamos, para que nuestro andar con el Señor sea efectivo y de perdurable significado. No es lo mismo mirar a alguien que fijar los ojos en esta persona.
Hebreos 12:2 nos dice que fijemos nuestros ojos en Jesús quien es el autor y el consumador de nuestra Fe, en otras palabras, no nos dejemos entretener ni desviar la atención de cosas que al final estropean esa relación de intimidad que desea Dios mantener con nosotros sus hijos.
Mantener fijos los ojos en el Padre nos fortalecerá e iluminará en esos momentos oscuros y difíciles, de incertidumbre y angustiosos, nos infunde aliento y seguridad de que Él tiene control de todo y que todo va estar bien si Él es quien lleva el timón de nuestra embarcación.
Con una fe fuerte, iniciada y perfeccionada en El, avancemos en este maravilloso camino que solo transitan aquellos que anhelan ser hijos de la intimidad.
Dios te continúe bendiciendo.
Escuchar capítulo 3, Hijos de la intimidad